Algunos vacíos a nivel normativo facilitan que a día de hoy se esté trabajando de forma poco saludable con algunos aparatos “que suenan y generan movimiento” pero que desgraciadamente lejos están de aquellas plataformas vibratorias que la literatura científica describe como potencialmente saludables.
En la actualidad, empresas del sector médico-estético diseñan, desarrollan y fabrican para posteriormente plantear campañas de marketing con el fin de vender un determinado producto. En este artículo no entraremos a valorar de forma particular ni la marca de los productos ni que sean de mayor o menor precio; de lo que sí hablaremos es de la necesidad de que todos estos productos cumplan la normativa vigente para adecuarse a los requisitos de seguridad necesarios para su utilización.
En el caso concreto de las plataformas vibratorias, nos encontramos con innumerables estudios científicos que demuestran los grandes beneficios que aportan en diferentes ámbitos fisiológicos, ya sean de tipo vascular, de densidad ósea, en aspectos relacionados con la fuerza, coordinación y equilibrio o incluso, en la composición corporal.
Revolución mediática En los últimos años y a mayor velocidad en los últimos meses, hemos podido observar cómo se producía una verdadera revolución de las plataformas vibratorias en el campo del fitness y de la estética. Al respaldo científico se han sumado las glamurosas estrategias comerciales en las que se presentaban campañas publicitarias con estrellas de música, cine y televisión que como
resultado han dado lugar a una multimillonaria vía de negocio.
La saturación comercial de este tipo de productos ha sido y sigue siendo tal que nos ha arrastrado hasta la paradójica situación de poder comprar plataformas vibratorias denominadas como “profesionales” pero con fines domésticos por medio de algunos periódicos de información diaria.
Origen y efectos
El trabajo con vibración se comenzó a utilizar en los años 60 por el profesor Biermann y con mayor aplicación al mundo deportivo a partir de la segunda mitad de los años 80 por entrenadores rusos. Haciendo un recorrido por la literatura más reciente, podemos destacar distintos efectos a corto plazo, producidos por el trabajo con WBV (vibración completa del cuerpo), que indican que el trabajo con WBV debe considerarse como una actividad física y no como una activación muscular pasiva. Se producen adaptaciones agudas en el sistema cardiorespiratorio, lo que se traduce en que si mantenemos un pie sobre una plataforma vibratoria durante unos 3 minutos a una frecuencia baja (25-30 Hz) y con una amplitud moderada de 2-4 mm se producirá un aumento
considerable del consumo de oxígeno.
En el año 2004, investigaciones realizadas en la Universidad Católica de Leuven (Bélgica) sobre el efecto de las WBV a nivel muscular, demostraron que existían mejoras en la capacidad máxima de contracción muscular voluntaria concéntrica e isométrica. A nivel endocrino, se manifiestan cambios motivados por la carga gravitatoria, principalmente aumentando los niveles de hormona de crecimiento y testosterona, al mismo tiempo que se produce un descenso de los niveles plasmáticos de cortisol, la denominada hormona del estrés. A nivel vascular, se observaron fenómenos de aumento del flujo sanguíneo con procesos de vasodilatación y ensanchamiento de capilares.
Efectos a largo plazo
En cuanto a los efectos a largo plazo relacionados con fines médico-estéticos encontramos que los resultados de las investigaciones estudiadas variaron dependiendo de la duración de los programas de entrenamiento. En el año 2004, se realizó un estudio de 24 semanas de duración con WBV en el que se obtuvo un aumento significativo de la masa libre de grasa en mujeres jóvenes no entrenadas (Roelants y otros, 2004). También son interesantes los estudios alemanes del Dr. Horst Frank en el mismo año en los que tras 6 meses de entrenamiento con plataforma triplanar y vibración de tipo sinusoidal se obtuvieron reducciones de un 25,7% en celulitis de muslos y glúteos y de un 32,3 % cuando se combinó con ejercicio cardiovascular. En cuanto al gasto metabólico y al consumo de oxígeno, en el año 2000, estudios de Rittweger y su equipo de investigadores demostraron que si se aumenta la frecuencia en un rango de 18-34 Hz se obtendrán aumentos proporcionales del consumo de oxigeno por lo que podremos afirmar que en dicho rango, a mayor frecuencia mayor gasto metabólico y a mayor amplitud, mayor consumo de oxígeno.
Asimismo, publicaciones recientes hablan de una resistencia total aumentada que provocaría una apertura de los capilares como mecanismo compensatorio, lo que conllevaría un mayor intercambio de gases y un incremento del metabolismo muscular (Mester and J Colss, 2006).
En lo que se refiere a mejora de la densidad y calidad ósea, quedó suficientemente demostrado con las investigaciones de Christiansen y Silva en el 2006 que la estimulación mecánica en forma de WBV beneficia el mantenimiento y/o aumento de la masa esquelética en individuos como las personas mayores, mujeres postmenopáusicas y adolescentes. Por lo tanto, esto puede ser un método efectivo en la terapia de personas con la movilidad articular limitada sin el riesgo asociado de los ejercicios de alto impacto.
Por otro lado también debemos mencionar algunos estudios que alertan sobre la posibilidad de sufrir resonancia con el entrenamiento por vibración, producida al desplazarse los órganos y la estructura esquelética en los casos en los que se somete a vibraciones con frecuencias inferiores a 20 Hz (Kiiski et al., 2008).
Normativas y Seguridad
No debemos avanzar sin hacer mención a la normativa vigente en referencia a las vibraciones y a los niveles de tolerancia permitidos por los usuarios. Nos centraremos en el Real Decreto 330/2009, de 13 de marzo, por el que se modifica el Real Decreto 1311/2005, de 4 de noviembre, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores frente a los riesgos derivados o que puedan derivarse de la exposición a vibraciones mecánicas. En concreto, en el artículo 3 del antiguo Real Decreto 13/11/2005 y teniendo presente la normativa
de calidad ISO 2631-4:2001, en el que se determinan los valores límite de exposición, nos informa sobre cómo la vibración transmitida a todo el cuerpo no podrá superar durante 8 horas el 1,15 m/s2. Para más información sobre el tema citaré algunas fuentes de consulta interesantes:
ISO 2631-1 (1997) Mechanical vibration and shock. Evaluation of human
exposure to whole body vibration.
UNE-EN 14253 (2004) Vibraciones mecánicas. Medidas y cálculos de la
exposición laboral a las vibraciones de cuerpo completo en relación a la
salud. Guía páctica.
UNE-EN ISO 8041 (2006). Respuesta humana a las vibraciones.
Instrumentos de medida.
En el documento UNE-EN 14253 (2004) se expone que vibraciones inferiores a 1 Hz que afecten a todo el cuerpo pueden provocar pérdidas de equilibrio, mareos, vómitos, alteración del sistema nervioso. Por otro lado, en dichas fuentes también se refleja que la superficie de apoyo del sujeto debe estar construida en materiales cerámicos, metálicos o en su defecto, de densidad superior y resistencia a la fatiga. En ningún caso materiales plásticos o fenólicos. Por ello ya podríamos descatalogar cerca del 80 % de las denominadas plataformas vibratorias al no cumplir con dichos requisitos, no disponer de certificado médico y no acogerse a los parámetros indicados
pudiendo ser incluso potencialmente peligrosas para la salud. Debemos ser consecuentes y buscar la máxima seguridad a la hora de trabajar con nuestros pacientes.
Roberto Estébez
Fisioterapeuta. Dirección del programa de evaluación física antiaging de la
clínica Planas Day de Madrid
rfisiotraining@gmail.com