¿Qué es?

Hoy en día, el cáncer de mama sigue siendo el tipo de tumor más habitual entre las mujeres de nuestra sociedad. Además de ser una terrible enfermedad, su tratamiento conlleva con frecuencia la mastectomía o extirpación de la mama, con la consecuente pérdida de un seno para la mujer que la padece. La reconstrucción mamaria es un paso esencial hacia la normalidad. No sólo restituye un órgano perdido, sino que ayuda a recobrar la feminidad, la propia imagen, el equilibrio psicológico y contribuye a atenuar la conmoción que supuso la lucha contra el cáncer.

Mediante la reconstrucción mamaria, el cirujano plástico crea un nuevo pecho lo más parecido a una mama natural. Este procedimiento no interfiere ni en el tratamiento, ni en el control posterior del cáncer de mama. Prueba de ello es que cada día son más los oncólogos que lo recomiendan.

La elección del tipo de intervención más apropiada deberá personalizarse para cada paciente en función de sus características y del estado de la enfermedad. Puede haber casos en que se combinen más de una técnica o pacientes que, tras conocer las limitaciones, ventajas y riesgos de cada una de ellas, deberán decidir junto con el cirujano cual es la que más les conviene.

Procedimiento quirúrgico

Como en todas las intervenciones, es imprescindible realizar un examen médico previo para detectar cualquier posible anomalía que pudiera contraindicar la operación.

Esta cirugía requiere anestesia de tipo general.

El método expansor tisular consiste en la colocación transitoria de un implante con capacidad para dilatarse al ser llenado paulatinamente con líquido. Esta expansión permitirá, a lo largo del tiempo, crear un exceso de piel a nivel de la zona donde antes estaba la mama, de manera que nos permitirá, en una segunda intervención, colocar una prótesis mamaria estándar (de gel de silicona) para recrear la forma del seno original. Pasados unos meses, deberá realizarse una tercera intervención con anestesia local para la reconstrucción de la areola y el pezón.

La primera fase quirúrgica dura aproximadamente dos horas. La segunda, momento en el que se implanta la prótesis definitiva, una hora y media.

Mediante el infiltrado periódico de líquido en la consulta se consigue el volumen deseado de expansión de la piel. Una vez alcanzado este tamaño ideal, habrá que esperar de dos a seis meses para proceder a la segunda intervención.
La primera intervención requiere un ingreso de dos días como término medio. El implante de la prótesis de silicona necesita un día de ingreso en clínica y una semana de reposo.

Tras la primera intervención, la paciente deberá dejar pasar la primera semana en un reposo relativo y podrá reanudar sus hábitos cotidianos a partir de la segunda. 

Preguntas Frecuentes

¿Qué cuidados postoperatorios tengo que seguir?
Tras la primera intervención, la paciente deberá dejar pasar la primera semana en un reposo relativo y podrá reanudar sus hábitos cotidianos a partir de la segunda.

¿Es una intervención apta para cualquier paciente?
El éxito de esta intervención, entre otros factores, depende obviamente de la calidad de la piel, por lo que no es recomendable en pacientes sometidas a radioterapia, ya que ésta provoca una desvitalización del tejido del tórax.

¿Qué riesgos conlleva este tipo de cirugía?
El método expansor tisular presenta las limitaciones propias de las prótesis:
- Duración limitada. Cada 10-15 años, la paciente debería someterse a un control para comprobar el estado de la prótesis y verificar que no haya un desgaste. Si así ocurre, debería someterse a un recambio de la misma.
- Simetría entre ambos pechos poco constante.
- Riesgo de contractura capsular, es decir, endurecimiento del tejido de alrededor del implante formando una cápsula cicatricial y dando un aspecto inmóvil, asimétrico e incluso provocando molestias a la paciente